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Son los continuadores de las insignias militares que nacieron alrededor de 1917. Ahora se les llama pins por su enganche de aguja y cada compañía, evento, asociación o establecimiento comercial tiene el suyo.

Coleccionarlos, intercambiarlos, especializarse en temas, marcas o productos es, simplemente, la pinmanía. Hacía 5 años que se había destapado la pasión por los pins en otros países, cuando en el año 1992 gracias a los grandes eventos deportivos del año, entraron en España y revolucionaron completamente el mercado de artículos promocionales y regalos, desbancando a los clásicos mecheros y bolígrafos, generando todo un nuevo mundo a su alrededor.

El negocio involucra a coleccionistas, mercadillos, ferias, revistas especializadas e incontable número de seguidores que solo en España, en 1992, superó ya las ventas de otros productos similares. Todo arrancó en 1984, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, donde fueron utilizados como merchandising por los patrocinadores olímpicos.

El salto a Europa fue inmediato, en Roland Garros 1987 se confirmó que los pins estaban arrasando en Francia, que a día de hoy cuenta con millones de coleccionistas y pins vendidos, hasta el punto de que el mercado empieza a estar saturado. En España, aunque los pins han llegado con cierto retraso, todos los sectores se han acabado plegando a las ventajas de estos productos: precio barato, originalidad y un formato que es una invitación al coleccionismo. Ya son muchas las empresas que lanzan sus productos, teniendo en mente su versión e n pin, e incluso grandes instituciones, bancos, cadenas de televisión y radio las utilizan como medio promocional.

En 1992 se calcula que circularon alrededor de 50 millones de pins de la Copa de Europa del Barça, estos pins son en su mayoría fabricados en Taiwan y Corea, cuya barata mano de obra permite abaratar hasta un 30% los costes de producción. Sin embargo en España, especialmente en el norte y Cataluña, algunas antiguas fábricas se han reciclado para orientarse hacia la producción de pins. Ante la imposibilidad de competir con los bajos precios del mercado asiático, se han enfocado en ofrecer una mejor calidad en el acabado de sus productos, que se venden a un precio de entre 2 y 3 euros.